4 de diciembre de 2008

Parece una tortura


Lucía dormía mientras todo sucedía. Nadie iba a imaginar aquel volcán que se despertaba a su lado, ese montón de emociones que elevan el calor de quien la ve, casi de reojo, acurrucarse en la almohada.

Era inútil distraer la mente en otra cosa, todo no servía de nada. Intentaba vanamente llevar su pensamiento al trago de esta noche, a los planes para mañana, al partido de fútbol del fin de semana…todo era poco para alejarla de su mente; y como atraído por un imán poderoso la mirada se le desviaba para perderse otra vez en su pierna acariciada por la sábana, en esa brisita que jugaba el cabello por su mejilla, en su carita de niña, en su piel blanca,…”tengo que dormir” se lo proponía casi como letanía.

“Hasta el nombre lo tiene bonito”, se torturaba… “Lucía”, “Lucía”, “Lucía”,… es como de novela, como de canción… la tortura se fortalecía,…miraba de reojo otra vez, cada vez con menos disimulo y nuevamente estaba cerca su pierna contorneada, su respiración sosegada, su cabello, su piel…

Lucía soñaba, y se movía un poco… él intentaba mirar el techo,… “Yo no puedo seguir así, voy a besarla” se animaba,…pero luego la valentía se le esfumaba sin pedirle permiso… volvía a mirarla de pies a cabeza, luego cerraba los ojos y se esforzaba por llevar la mirada hacia otro lado, por llevar la mente lejos de esas sábanas, lejos de su cuerpo…Lucía dormía pero él no… Era casi imposible.

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